martes, junio 07, 2005

La Gran Estafa: ¿Socialismo = Neoliberalismo?

José Luis Tapia del ILE dice, acerca del socialismo contemporáneo (ese socialismo pragmático y democrático que surgió en los años post-consenso de Washington):

"Es una ideología que ha abrazado al 'neoliberalismo' traicionando el corazón de millones de socialistas bien intencionados.

"Su discurso felón habla de economía de mercado, inversión privada, globalización, y democracia participativa. Sus programas de gobierno, al igual que los “neoliberales”, defienden el Consenso de Washington; impuestos altos, ultra regulaciones, derechos antidumping y aranceles, equilibrio fiscal, baja inflación, regionalismo abierto, y equilibrio macroeconómico. Pero para nada hablan de expropiaciones, nacionalizaciones, y estatizaciones, pues claro, al traicionar sus principios, no le queda otra que estafar a sus votantes antes que perder la mamadera del poder.
...
"En verdad como liberal quisiera tener en frente a un socialismo verdaderamente macho con quien combatir sus principios estatistas, pero los residuos morales que acaso le quedan, solo le esta sirviendo para disfrazarse de “neoliberal” a fin de no perder la mamadera estatista. ¡Que pena! (leer artículo completo)


¿Habrá leido José Luis Tapia los proyectos de gobierno de Valentín Paniagua o Susana Villarán? Dudo que existan tales proyectos. Lo que sí creo es que los "neo-socialistas" y los "neo-liberales" se asemejan no tanto por lo que dicen ni por lo que hacen (o lo harían si acaso fuesen gobierno). Se asemejan más bien por su permisibilidad: por lo que dejarían hacer si pudiesen gobernar. Pero los beneficiarios no serían solamente funcionarios corruptos, jueces mañosos o grandes empresarios. Serían sobre todo los reclamones de siempre: los que bloquean carreteras, asaltan campamentos mineros, destruyen propiedad ajena, perjudican el turismo, amenazan con más violencia, y siempre obtienen lo que quieren. No importa que el gobierno sea "neo-socialista" o "neo-liberal," pues todos buscan exactamente lo mismo: ser más populares. Y para ello, siempre será más fácil ceder a la violencia que imponer autoridad.

sábado, junio 04, 2005

PERU: La ignorancia del Tribunal Constitucional

El Tribunal Constitucional peruano (TC) acaba de dictar una sentencia absurda y preocupante. Desconociendo el derecho a la libre contratación, ha ordenado que se reponga en su puesto de trabajo a una persona que fue despedida por haber incumplido con el pago de deudas que tenía con otra persona. Esta sentencia, ya de por sí preocupante porque interfiere en la libertad de contratación, es sin embargo menor ante una nota de prensa que acompaña a la sentencia, donde se exhorta al parlamento a adecuar la legislación peruana para “eliminar los intereses leoninos en el uso de tarjetas de crédito, banca de consumo y préstamos dinerarios.” Esta opinión ha sido ampliamente criticada por los entendidos en la materia por considerarla perjudicial para el sistema financiero (entre otras razones por que nadie sabe a ciencia cierta cómo definir el interés usurero).

El TC ha pensado seguramente que su fallo sería “popular”, porque en efecto existen muchas personas en el Perú que pagan tasas de interés altísimas por sus créditos. Pero el TC no ha considerado dos cosas fundamentales: 1) La razón por la cual esos créditos son “caros”, y 2) el hecho que se trata de transacciones voluntarias en las que las partes aceptan libremente determinadas condiciones, entre las cuales están las tasas de interés de los préstamos. (como sostiene COMEXPERU, la sentencia del TC es como pretender abolir la ley de la oferta y la demanda)

Sobre lo primero no voy a entrar en mayores detalles. Simplemente diré que cuando una persona cualquiera presta dinero, está dejando de utilizar ese dinero para otros usos que podrían ser de igual o mayor provecho para ella (un viaje de lujo, un yate, por ejemplo). Por esa razón se cobra un interés, que es la retribución económica por el uso del dinero - por dejar de consumir en el presente. Pero al prestar dinero existe también la posibilidad que el cliente no devuelva el crédito, lo que genera un riesgo. Un cliente desconocido que pida un préstamo será visto como “riesgoso” precisamente porque el banco desconoce sus antecedentes. El banco podrá rechazarle el préstamo si lo juzga conveniente, o se lo concederá pero a cambio de una tasa de interés más alta. ¿Por qué la tasa tiene que ser más alta? Porque ante la posibilidad que el cliente incumpla con los pagos, una tasa más alta permite al banco recuperar más rápidamente el capital y con mayor probabilidad. Las tasas de interés "usureras" son el resultado de la falta de información que hay sobre muchos deudores.

Si el TC va a prohibir que se fijen libremente las tasas de interés, entonces lo único que podrán hacer los bancos es no prestar a los clientes riesgosos. Es así de simple: habrán menos créditos para los más pobres. ¿Quién se perjudica con esta medida? Todos, pero especialmente aquellos que por no tener un historial crediticio o carecer de garantías específicas, ya no tendrán acceso a los créditos bancarios. ¿No es mejor un préstamo caro a un préstamo inexistente?

Lo segundo que olvida el TC peruano es el tema de la libertad de contratos. Prohibir que los bancos ofrezcan tasas de interés "altas" es como prohibir que las personas puedan vender sus autos a más de un cierto precio, solo por favorecer a quienes pretendan comprarlos - supuestamente “la mayoría.” Esto un gran absurdo. Si yo vendo mi auto gastado en más de 100 mil dólares es porque alguien voluntariamente acepta mis condiciones, no porque yo se las imponga. (algo especial tendría mi auto si hay alguien que quiere pagar por él tan exorbitante precio) Igual ocurre con los préstamos bancarios: las personas aceptan o rechazan las condiciones de los bancos. Pero la aceptación es un compromiso a pagar y debe ser responsabilidad del estado velar porque se cumplan dichos pactos. En eso consiste la libertad económica.

Creer que ello perjudica a los más pobres es un grave error. De allí surge esa frondosa legislación “social” que limita el derecho de propiedad y que perpetúa la condición de pobreza de las mayorías. Cualquiera que haya visitado el Perú se dará cuenta de lo que digo – la pobreza es enorme. Pero para combatirla tenemos que combatir esa mezcla de ignorancia y sentimentalismo que se manifiesta en resoluciones como esta que comento, y que en política son totalmente estériles, pues en la práctica por querer "regalar" riqueza ajena a los más pobres, solo se consigue perpetuar su condición y hacer más ricos a los ricos. Como decía Milton Friedman “Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad.”

La solución al problema de los créditos caros no consiste en promover el intervencionismo estatal en los contratos privados ni fomentar la cultura del no pago. Mejor sería crear una cultura de confianza mutua fomentando una adecuada información, promoviendo una mayor responsabilidad de parte los clientes (pagando puntualmente sus créditos) y fortaleciendo - no debilitando - los derechos de propiedad. Aunque tal vez el TC no haya reparado en el Perú la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS), que supervisa a los bancos, es la mejor catalogada en América Latina. No obstante si hay que cambiar leyes, pues en buenahora. Pero que no sea el TC el que cometa el error de opinar sobre temas que desconoce, solo por consideraciones puramente ideológicas (o afánes políticos de sus miembros). Ojalá que el Congreso peruano no haga caso a esta ridícula exhortación del TC. (Recomiendo leer este artículo del economista Eduardo Morón).

La libertad: justificación e implicancias

La experiencia ha demostrado que vivir en libertad es muchísimo más beneficioso para todos que vivir en una régimen tiránico o intervencionista. Pese a todos estos resultados, la mejor justificación de la libertad no es empírica sino racional, es decir a partir de la razón y la lógica. Y es que solo en libertad puede una persona vivir de manera racional, siendo esta la razón que explica sus incuestionables éxitos. Sin embargo, para defender racionalmente el principio de la libertad hay que explicar 1) que la libertad es una necesidad para satisfacer las aspiraciones humanas, y 2) que solo en libertad puede una persona vivir racionalmente (esto es, ejercitando sus facultades creativas y racionales). Previamente tengo que demostrar que las personas somos fundamentalmente seres egoístas y que contra lo que muchos opinan, aspiramos a lograr la máxima satisfacción personal, sea esta de tipo material o espiritual, que para el caso es exactamente lo mismo.

¿Todos somos egoístas?
Querámoslo o no, las personas valoran su propia vida más que nada, y el objetivo último de vivirla es alcanzar la máxima satisfacción posible. Así de sencillo. Esto que estoy diciendo puede sonar egoísta pero en realidad no estoy inventando nada. ¿No es acaso nuestra vida lo único verdaderamente propio que tenemos? ¿No es acaso por nuestra propia vida que hacemos lo que hacemos, que trabajamos, luchamos, anhelamos y deseamos? Nuestra máxima aspiración es vivir plenamente, tanto en lo material como en lo espiritual, lo que equivale a la búsqueda incesante de la satisfacción propia. Todos sabemos que hay cosas que nos gustan y nos disgustan, y que tratamos de hacer solo aquello que nos gusta, evitando lo que nos disgusta. Nadie en su sano juicio hará voluntariamente nada que no le de algún tipo de satisfacción. Los padres se sacrifican por sus hijos en parte porque verlos crecer les proporciona placer, satisfacción. Los hijos retribuyen a los padres por un sentido racional de justicia: pero también porque no hacerlo les traería una enorme insatisfacción moral. Incluso las personas altruistas – como el Papa, la Madre Teresa, o los héroes de antaño – perseguían una forma distinta de satisfacción –satisfacción espiritual, satisfacción moral – pero satisfacción al fin y al cabo - sin que esto pretenda negar méritos a nadie.

Pensemos en términos más concretos: las cosas que anhelamos y por qué. Pensemos en aquello que nos complace. Cuando algo nos sale bien, por ejemplo, y nos llena de alegría ¿no es acaso una muestra de satisfacción personal? Cuando vemos que las otras personas nos estiman y nos aprecian, cuando nos reconocen ¿no es sentimos acaso satisfacción propia? La felicidad que sentimos al visitar un lugar bello y añorado ¿no es acaso una forma de satisfacción espiritual? El objetivo último de nuestras vidas no es otro que el de lograr nuestra satisfacción plena. En este sentido todos somos egoístas, aunque no queramos admitirlo. Pretender lo contrario es propugnar la cultura del sacrificio, de la auto-anulación. Para bien o para mal el egoísmo es lo que mueve al mundo. Lo que más valoramos es nuestra propia vida (no “la vida” en sentido abstracto, ni “las vidas” en general). Buscamos la felicidad en nuestras vidas, decidimos solo aquello que conviene a nuestras vidas, luchamos por defender nuestra vida y disfrutamos los valores a partir de nuestra experiencia. La búsqueda de la satisfacción propia es pues lo que enaltece nuestras vidas.

La libertad como una necesidad
Como consecuencia de este egoísmo “natural” del ser humano surge la necesidad de la libertad humana. En principio, ser libre significa ser capaz de buscar la satisfacción propia sin más límites que nuestras propias fuerzas físicas. Claro está, en un contexto social la libertad tiene otros límites, pues los actos de una persona pueden tener repercusiones negativas en otras personas. Pero dejando ese punto por ahora, la libertad es necesaria para que las personas puedan proteger adecuadamente su vida y satisfacer sus aspiraciones. Nadie más podrá decidir por nosotros porque nadie más valora nuestras vidas como lo hacemos nosotros. Por la misma razón tampoco nosotros podemos decidir por nadie. La felicidad es una experiencia personal y subjetiva. Somos nosotros y nadie más que nosotros quines debemos resolver las cosas que nos conciernen.

Quienes reniegan de la libertad sostienen que el Estado es capaz de decidir mejor que nosotros - los individuos - sobre asuntos que son de nuestro interés. Pero en realidad el estatismo, el socialismo son sistemas políticos que contradicen la naturaleza racional humana y por eso han fracasado históricamente. Son los propios individuos quienes conocen mejor que nadie sus gustos, sus valoraciones, sus necesidades. Esto es válido tanto para el pequeño campesino como para el más próspero empresario. Limitar la libertad pretendiendo defender el "interés social" es un mero pretexto para que un grupo de políticos se arrogue el privilegio de decidir sobre la vida de miles de personas.

La libertad como un derecho
Decir que solo en libertad puede una persona vivir racionalmente implica que la libertad ya no es solo una necesidad sino también un derecho en sentido propio. Es muy importante distinguir entre la necesidad de libertad que tiene todo ser vivo - incluso los animales irracionales tienen necesidad de libertad - frente al derecho a la libertad que es producto únicamente de una sociedad de seres racionales. Convertir una necesidad en un derecho implica reconocer que los individuos – egoístas por naturaleza - somos capaces de someter voluntariamente nuestras inclinaciones en reconocimiento del derecho ajeno. El límite a la libertad individual lo fija la razón, únicamente, y por eso solo las personas racionales son capaces de respetar el derecho ajeno. Es la racionalidad humana justamente lo que hace posible vivir en libertad. Sin la razón no existiría la libertad.

¿Cómo puede una persona ser egoísta, actuar para si mismo, y a la vez respetar el derecho ajeno? Simplemente porque es racional y, como tal, entiende que es en su propio interés que exista una sociedad donde prime el respeto mutuo, donde se pueda transar y competir voluntariamente sin que esa competencia se convierta en una guerra violenta, donde exista un mínimo de orden y predecibilidad. Es por esta razón que los animales no tienen derechos, pues al no poseer la facultad de la razón son incapaces de respetar ellos mismos los derechos ajenos. Por el mismo motivo, los criminales, los asesinos, los que roban, tienen derechos muy limitados (no pueden ejercer su libertad, por ejemplo).

Corolario : a la Fuerza dile no
La libertad como derecho trae un corolario fundamental, que es la prohibición del uso de la fuerza como método para resolver las diferencias entre personas. Ayn Rand decía con toda razón que solo mediante el uso de la fuerza pueden violarse los derechos de las personas, y no de otra manera. Por tanto para que se respeten estos derechos las personas no podrán utilizar la violencia, u otras formas indirectas de coerción como el fraude, la extorsión o la calumnia, para imponer su voluntad. La razón nos conduce a la libertad y la libertad al verdadero pacifismo.

La única manera de prescribir la violencia entre las personas es creando un ente especial que tenga monopólico sobre el uso de la fuerza. Esa entidad es el estado, cuya fuerza disuasiva solo puede usada contra aquellos que (irracionalmente) utilicen la violencia contra otros ciudadanos.

En una sociedad libre el estado no podrá actuar como los criminales, pues no podrá iniciar el uso de la fuerza contra personas inocentes ni amenazar con la fuerza a nadie, por ningún motivo, ni siquiera por fines humanitarios o redistributivos. Esto implica que el gobierno no interferirá en la actividad económica de una nación, que quedará en manos de los propios ciudadanos. En otras palabras, el gran corolario de la libertad nos conduce a reconocer que el capitalismo es, a pesar de sus detractores, el único sistema económico verdaderamente racional. Como dice Leonard PeikoffEs verdad que la libertad, los derechos individuales y el capitalismo son egoístas. Pero también es cierto que el egoísmo, propiamente definido, es lo correcto.” La ausencia de libertad es la esclavitud, la sumisión al poder de las armas, situación incompatible con la naturaleza racional humana.

miércoles, junio 01, 2005

El Agora: libertad en sentido total

El Agora era el antiguo lugar de encuentro de los ciudadanos griegos, donde se podía debatir libremente temas de interés público, y donde también se practicaba el libre comercio de bienes y servicios. El Agora era pues el punto de encuentro entre la libertad de expresión (o libertad política) y el libre mercado. La Nueva Agora será el lugar virtual donde se analicen los problemas del país bajo las premisas filosóficas del liberalismo y el objetivismo, es decir defendiendo la libertad individual mediante la lógica y la razón. Los que discrepen conmigo serán bienvenidos a manifestar sus ideas pero desterrando los insultos o las agresiones personales. Somos seres racionales y como tales debemos siempre comportarnos.