La experiencia ha demostrado que vivir en libertad es muchísimo más beneficioso para todos que vivir en una régimen tiránico o intervencionista. Pese a todos estos resultados, la mejor justificación de la libertad no es empírica sino racional, es decir a partir de la razón y la lógica. Y es que solo en libertad puede una persona vivir de manera racional, siendo esta la razón que explica sus incuestionables éxitos. Sin embargo, para defender racionalmente el principio de la libertad hay que explicar 1) que la libertad es una
necesidad para satisfacer las aspiraciones humanas, y 2) que solo en libertad puede una persona vivir
racionalmente (esto es, ejercitando sus facultades creativas y racionales). Previamente tengo que demostrar que las personas somos fundamentalmente seres egoístas y que contra lo que muchos opinan, aspiramos a lograr la máxima satisfacción personal, sea esta de tipo material o espiritual, que para el caso es exactamente lo mismo.
¿Todos somos egoístas?
Querámoslo o no, las personas valoran su propia vida más que nada, y el objetivo último de vivirla es alcanzar la máxima satisfacción posible. Así de sencillo. Esto que estoy diciendo puede sonar egoísta pero en realidad no estoy inventando nada. ¿No es acaso nuestra vida lo único verdaderamente propio que tenemos? ¿No es acaso por nuestra propia vida que hacemos lo que hacemos, que trabajamos, luchamos, anhelamos y deseamos? Nuestra máxima aspiración es vivir plenamente, tanto en lo material como en lo espiritual, lo que equivale a la búsqueda incesante de la satisfacción propia. Todos sabemos que hay cosas que nos gustan y nos disgustan, y que tratamos de hacer solo aquello que nos gusta, evitando lo que nos disgusta. Nadie en su sano juicio hará voluntariamente nada que no le de algún tipo de satisfacción. Los padres se sacrifican por sus hijos en parte porque verlos crecer les proporciona placer, satisfacción. Los hijos retribuyen a los padres por un sentido racional de justicia: pero también porque no hacerlo les traería una enorme insatisfacción moral. Incluso las personas altruistas – como el Papa, la Madre Teresa, o los héroes de antaño – perseguían una forma distinta de satisfacción –satisfacción espiritual, satisfacción moral – pero satisfacción al fin y al cabo - sin que esto pretenda negar méritos a nadie.
Pensemos en términos más concretos: las cosas que anhelamos y por qué. Pensemos en aquello que nos complace. Cuando algo nos sale bien, por ejemplo, y nos llena de alegría ¿no es acaso una muestra de satisfacción personal? Cuando vemos que las otras personas nos estiman y nos aprecian, cuando nos reconocen ¿no es sentimos acaso satisfacción propia? La felicidad que sentimos al visitar un lugar bello y añorado ¿no es acaso una forma de satisfacción espiritual? El objetivo último de nuestras vidas no es otro que el de lograr nuestra satisfacción plena. En este sentido
todos somos egoístas, aunque no queramos admitirlo. Pretender lo contrario es propugnar la cultura del sacrificio, de la auto-anulación. Para bien o para mal el egoísmo es lo que mueve al mundo. Lo que más valoramos es nuestra propia vida (no “la vida” en sentido abstracto, ni “las vidas” en general). Buscamos la felicidad en
nuestras vidas, decidimos solo aquello que conviene a
nuestras vidas, luchamos por defender
nuestra vida y disfrutamos los valores a partir de
nuestra experiencia. La búsqueda de la satisfacción propia es pues lo que enaltece nuestras vidas.
La libertad como una necesidadComo consecuencia de este egoísmo “natural” del ser humano surge la necesidad de la libertad humana. En principio, ser libre significa ser capaz de buscar la satisfacción propia sin más límites que nuestras propias fuerzas físicas. Claro está, en un contexto social la libertad tiene otros límites, pues los actos de una persona pueden tener repercusiones negativas en otras personas. Pero dejando ese punto por ahora, la libertad es necesaria para que las personas puedan proteger adecuadamente su vida y satisfacer sus aspiraciones. Nadie más podrá decidir por nosotros porque nadie más valora nuestras vidas como lo hacemos nosotros. Por la misma razón tampoco nosotros podemos decidir por nadie. La felicidad es una experiencia personal y subjetiva. Somos nosotros y nadie más que nosotros quines debemos resolver las cosas que nos conciernen.
Quienes reniegan de la libertad sostienen que el Estado es capaz de decidir mejor que nosotros - los individuos - sobre asuntos que son de nuestro interés. Pero en realidad el estatismo, el socialismo son sistemas políticos que contradicen la naturaleza racional humana y por eso han fracasado históricamente. Son los propios individuos quienes conocen mejor que nadie sus gustos, sus valoraciones, sus necesidades. Esto es válido tanto para el pequeño campesino como para el más próspero empresario. Limitar la libertad pretendiendo defender el "interés social" es un mero pretexto para que un grupo de políticos se arrogue el privilegio de decidir sobre la vida de miles de personas.
La libertad como un derecho
Decir que solo en libertad puede una persona vivir racionalmente implica que la libertad ya no es solo una
necesidad sino también un
derecho en sentido propio. Es muy importante distinguir entre la necesidad de libertad que tiene todo ser vivo - incluso los animales irracionales tienen necesidad de libertad - frente al derecho a la libertad que es producto únicamente de una sociedad de seres racionales. Convertir una necesidad en un derecho implica reconocer que los individuos – egoístas por naturaleza - somos capaces de someter voluntariamente nuestras inclinaciones en reconocimiento del derecho ajeno. El límite a la libertad individual lo fija la razón, únicamente, y por eso solo las personas racionales son capaces de respetar el derecho ajeno. Es la racionalidad humana justamente lo que hace posible vivir en libertad. Sin la razón no existiría la libertad.
¿Cómo puede una persona ser egoísta, actuar para si mismo, y a la vez respetar el derecho ajeno? Simplemente porque es
racional y, como tal, entiende que es
en su propio interés que exista una sociedad donde prime el respeto mutuo, donde se pueda transar y competir voluntariamente sin que esa competencia se convierta en una guerra violenta, donde exista un mínimo de orden y predecibilidad. Es por esta razón que los animales no tienen derechos, pues al no poseer la facultad de la razón son incapaces de respetar ellos mismos los derechos ajenos. Por el mismo motivo, los criminales, los asesinos, los que roban, tienen derechos muy limitados (no pueden ejercer su libertad, por ejemplo).
Corolario : a la Fuerza dile noLa libertad como derecho trae un corolario fundamental, que es la prohibición del uso de la fuerza como método para resolver las diferencias entre personas.
Ayn Rand decía con toda razón que solo mediante el uso de la fuerza pueden violarse los derechos de las personas, y no de otra manera. Por tanto para que se respeten estos derechos las personas no podrán utilizar la violencia, u otras formas indirectas de coerción como el fraude, la extorsión o la calumnia, para imponer su voluntad. La razón nos conduce a la libertad y la libertad al verdadero pacifismo.
La única manera de prescribir la violencia entre las personas es creando un ente especial que tenga monopólico sobre el uso de la fuerza. Esa entidad es el estado, cuya fuerza disuasiva solo puede usada contra aquellos que (irracionalmente) utilicen la violencia contra otros ciudadanos.
En una sociedad libre el estado no podrá actuar como los criminales, pues no podrá iniciar el uso de la fuerza contra personas inocentes ni amenazar con la fuerza a nadie, por ningún motivo, ni siquiera por fines humanitarios o redistributivos. Esto implica que el gobierno no interferirá en la actividad económica de una nación, que quedará en manos de los propios ciudadanos. En otras palabras, el gran corolario de la libertad nos conduce a reconocer que el capitalismo es, a pesar de sus detractores, el único sistema económico verdaderamente racional. Como dice
Leonard Peikoff “
Es verdad que la libertad, los derechos individuales y el capitalismo son egoístas. Pero también es cierto que el egoísmo, propiamente definido, es lo correcto.” La ausencia de libertad es la esclavitud, la sumisión al poder de las armas, situación incompatible con la naturaleza racional humana.